Ayuno y Cerebro

¿Qué pasa con nuestro cerebro cuando ayunamos?

Desde siempre el ayuno ha sido utilizado por los grandes maestros espirituales y en todas las religiones como un medio para aproximarse a Dios. Los antiguos médicos también lo utilizaban para tratar enfermedades y recuperar a sus pacientes.

Recientemente y gracias a la evolución de la ciencia podemos ver que pasa en nuestro cerebro cuando ayunamos.

El Ayuno y el Cerebro

Las investigaciones han demostrado que muchas de las reacciones genéticas que brindan salud y fortalecen el cerebro, y que son activadas por la restricción calórica, se ponen en marcha de manera similar a través del ayuno, así sea por periodos de tiempo relativamente cortos. Lo anterior se contrapone a la mentalidad convencional que indica que el ayuno desacelera el metabolismo y obliga al cuerpo a entrar en “modo de inanición” y a almacenar grasa.
Por el contrario, el ayuno da al cuerpo beneficios que le permiten acelerar y mejorar la pérdida de peso, por no mencionar el impacto positivo que tiene en la salud del cerebro.

El ayuno mejora los niveles de Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF)

El BDNF  es una proteína que interactúa con las neuronas en el hipocampo, córtex y prosencéfalo (las partes del cerebro que regulan la memoria, el aprendizaje, y la función cognitiva, características únicas en los humanos). Ayuda a que las neuronas existentes sobrevivan mientras que estimulan el crecimiento de nuevas neuronas  (neurogénesis) y la aparición de nuevas líneas de comunicación entre las neuronas (sinapsis).

Niveles bajos de BDNF están relacionados con la aparición de Alzheimer y cuando hay BDNF adicional se previene la muerte neuronal, pérdida de memoria y deterioro cognitivo en pruebas con animales.


El ayuno no sólo pone en marcha la maquinaria genética para la producción del BDNF [Factor neurotrófico derivado del cerebro], sino que también infunde poder a la reacción de la Nrf2 [proteina que regula la expresion de antioxidantes que protegen del daño oxidativo disparado por la inflamación], lo cual tiene como consecuencia una desintoxicación poderosa, la disminución de la inflamación y el aumento en la producción de antioxidantes que protegen el cerebro. El ayuno obliga al cerebro a dejar de usar la glucosa como combustible y a utilizar, en vez de eso, las cetonas que produce el hígado. Cuando el cerebro metaboliza las cetonas como combustible, hasta el proceso de suicidio celular (apoptosis) disminuye, mientras que los genes mitocondriales se activan y se acelera la replicación de las mitocondrias. En términos simples, el ayuno promueve la producción de energía y sienta las bases para un mejor funcionamiento cerebral y una mayor agudeza

Mark P. Mattson, neurólogo jefe del Laboratorio de Neurociencia en el Instituto Nacional de Envejecimiento, ha destacado el papel del ayuno intermitente realizando estudios a lo largo de 12 años. Entre sus conclusiones que el ayuno a corto plazo puede inducir la neurogénesis, y proteger contra las lesiones cerebrales.

Mark afirma que el ayuno elimina inflamaciones, reduce el estrés oxidativo en los órganos del cuerpo, retrasa el padecimiento de enfermedades crónicas provocadas por el envejecimiento, estimula tu metabolismo a cambiar empezando a consumir grasa acumulada en tu cuerpo.

Otro de los beneficios, es que al ayunar aumentamos la capacidad cognitiva de nuestro cerebro. Las neuronas crean y mantienen conexiones entre sí por más tiempo, esto estimula la capacidad de aprendizaje.

Ayuda a reducir las probabilidades de padecer Alzheimer y Parkinson.

Fuente libro “Cerebro de Pan”.