Meditación

Hoy, en el 2016, la meditación ha dejado de ser sinónimo de Yogis en la India o Budistas en lejanos monasterios, para transformarse en una práctica adoptada por millones de personas alrededor del mundo, por el simple hecho de que nos hace sentir bien y nos aporta muchos beneficios para nuestra vida cotidiana personal y laboral. 

El mundo actual en el que vivimos, está caracterizado por la rapidez con que todo se mueve, la gran cantidad de información y estímulos a la que estamos constantemente expuestos, la presión de estar siempre conectado hacia afuera (teléfonos, computadoras, mail, facebook, twitter. etc) ,  la multiplicidad de tareas que tenemos  y los distintos roles que cumplimos. Y todas estas influencias externas que repercuten en nuestra mente y emociones, también necesitan ser procesadas, y los residuos de todas las impresiones de estas experiencias, purificadas y soltadas. La meditación viene a ayudarnos como un detox más sutil, sumamente importante sobre todo hoy en día, donde nuestra mente esta sobrepasada de estímulos.

Bajar los niveles de stress

Al disponernos a dedicar un momento de nuestro día a la práctica de la meditación, esto no es más que otra decisión personal que tomamos en pos de la búsqueda de nuestra salud integral. Está comprobado científicamente que la práctica regular ayuda a bajar los niveles de stress (reduciendo los  niveles de cortisol que es la hormona que lo provoca), vigoriza al cerebro al reforzar las conexiones entre las neuronas, mejorando así las respuestas cognitivas, emocionales e inmunológicas, equilibra el  sistema nervioso,  ya que si éste se encuentra en un estado hiperactivo se relaja, y si se encuentra en un estado hipoactivo, se dinamiza.

Pero qué pasa con nosotros a un nivel más sutil y profundo ? Es verdad que en el medio de todo este movimiento cotidiano, muchas veces no tenemos la oportunidad de pasar tiempo de calidad con nosotros mismos, de retirarnos por un momento de todo y centrarnos, sentir de verdad cómo estamos a un nivel más profundo, qué queremos de verdad, qué necesidades personales tal vez estamos pasando por alto, en qué temas nos quedamos colgados y necesitamos soltar más conscientemente o elaborar más, y estos tan solo algunos ejemplos de lo que nos pasa.

Mente más clara y enfocada

Al cerrar los ojos, alinear el cuerpo, centrarnos y respirar más profundo, disponernos a estar presentes y observar,  entramos en contacto. Y de repente ahi estamos, pudiendo relajar más conscientemente, acceder a una mente más clara y enfocada, experimentar una calma más profunda y una cualidad de presencia despierta, alerta y conectada. Sin juicios, podemos permitir que nuestra energía vital se sienta más libre y que ésto nos conecte a un estado de espontaneidad, donde podemos sentirnos menos condicionados por lo externo y más guiados por nuestra intuición y verdadera naturaleza. Y sentirnos genuinos y reales en nuestra propia vida, sin duda trae felicidad.

Sugerencia amorosa para empezar: 

Encontrá un espacio tranquilo y silencioso dentro de tu casa, puede ser en un rincón de tu cuarto, si es que no hay un lugar que puedas dedicar especialmente para la meditación. Podés consagrar este espacio de encuentro con vos mismo armando un pequeño altar, donde podes poner una imagen, una vela, incienso, un cristal, o lo que sea que a vos te parezca significativo.

Te sentás en un postura cómoda sobre un almohadón, con la columna alineada y las piernas cruzadas (si esto no es posible podés estar en una silla), y cerrás los ojos suavemente. Hacés unas vueltas de una respiración profunda, sintiendo bien todo tu cuerpo, disponiéndote a estar presente mentalmente, observando, y sin hacer juicios, por que no hay nada bueno ni malo.

Una vez que te sentís centrado, enfocás tu atención en la respiración al entrar y salir por la nariz, en las narinas (las aberturas nasales), y vas permitiendo que la practica vaya tomando presencia. Si te dás cuenta que te fuiste del momento presente con la mente, simplemente volvés, la respiración y a la consciencia de tu columna y cuerpo.

Para empezar tal vez cinco minutos puede ser suficiente, hasta poder llegar a 20 o 30 minutos. La regularidad establece el nuevo hábito, por lo que es mejor sostener la misma cantidad de tiempo que uno medita por un período e incluso el horario, para luego aumentarlo.

Con amor y buenos deseos.

Prem Savitri